Susedido 1970

EL PARTO

El nacimiento del grupo Cobaya es ya en sí mismo una anécdota.
Transcurría, o mas bien corría, dados los movimientos sociales de la época, el año 1969.
En la ETS de II de Bilbao, o sea, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Bilbao, promocionados por un escaso grupo de alumnos y por acuerdo entre la Dirección, Sr. Zabalo, subdirector (el director, D. Justo Pastor, Justito el Puñetero para los alumnos, no se relacionaba con la plebe), y la Cámara de alumnos, celebrábanse algunos pocos actos culturales, por eso de la formación integral.
Entre este reducido grupo, nos encontramos unos menos cuya afición al teatro nos hacía buscar huecos para trabajarlo en otros ambientes. Tuvimos la ocurrencia de montar un recital poético sobre Gabriel Celaya, teatralizado sin grandes pretensiones y con canciones que compuso y cantó al efecto el amigo Jorge Cortés, alma mater del prestigiado conjunto músicovocal Melodía Joven. Entre los pre-ingenieros-rapsodas-actores de VÍAS DE AGUA, se encontraban Santi Buruchaga (ya en el reciente Cómicos de la Legua), Goyo Orrantia y Javier Pérez, y, bueno, el montaje quedó bien. Hasta creo que lo representamos en algún otro centro universitario.

En el arranque del curso 1969-1970, tras alguna reunión pseudoclandestina, le propongo al amigo Jose Ignacio Urrutia aunar nuestra común afición al teatro y crear un grupo teatral en la Escuela, contando con la posible incorporación de otros esforzados alumnos.
Tras su duda más que razonable, pusimos un cartel en la puerta de la sede de la Cámara de alumnos (un cuartucho cedido por la Dirección para que no se dijera que no había aperturismo democrático) convocando a una reunión próxima a todos aquellos interesados en compatibilizar los estudios técnicos con esta actividad cultural.
En los momentos más optimistas pensábamos obtener la comparecencia de otros dos o tres aficionados al teatro, pero nuestra sorpresa fue recibir en el escaso local a ¡18! compañeros, todos interesados en formar parte de la iniciativa.

Tres puntos eran imprescindibles de resolver inmediatamente:

TÍAS.- Los 18 apóstoles eran todos apóstoles, no había ninguna apóstola. En aquella época creo recordar que en toda la Escuela había tres chicas, que asistían al centro con la sana y sola intención de ser ingenieras, así que no hubo más remedio que importar el elenco femenino del exterior.

OBRA.- Para tanta plantilla, había que dirigir nuestras miras hacia una obra con muchos personajes o....con posibilidad de integrar a todos en una figuración o....en un coro. ¡Los griegos!. Sin irnos tan lejos encontramos una solución coherente con nuestra intencionalidad en La Excepción y la Regla de Bertolt Brecht.

PERMISO.- La infrautilizada Aula Magna era el local idóneo para ensayos, pero... dadas las habituales dificultades para su utilización en actos que no fueran conferencias técnicas, era necesario obtener permiso de la Dirección de la Escuela. Con más valor que Manolete me presenté en el despacho del Sr. Zabalo, a la sazón Subdirector de la Escuela, que era el que llevaba la relación (y el toreo) con los alumnos. Como platos. Como platos se le pusieron los ojos cuando le comenté la razón de mi visita. ¡Por Dios!. ¡Un grupo de teatro!. Pero si ésta es una Escuela de Ingenieros. Jamás ha habido un..... Bueno, no sé si el peso de 20 componentes o que me pude poner más pesado que una burra o que pensó que nos duraría poco la afición, fue lo que le convenció. El caso es que nos dio el ansiado permiso.

Tras el estreno del Ubú Rey nos lo quitó. Y es que... ¡ya es demasiado!. ¡Estos directores.... es que no aguantan unas hortigas!.